A Elena le encantaba ver como el cornudo de su esposo hacia grandes esfuerzos y muecas torcidas para poder meterse, en su vieja y pequeña boca, el gran artefacto de Marcus. El joven amante de la vieja no solo la tenía  larga como una carretera de California sino que, además, era gorda y gruesa. No sólo era longitud sino diámetro. Tenía hecha la circuncisión. Eso aún la hacía más hermosa. No era un capullo ,arrugado y mustio, de piel. 

" Mónica, Marcus tiene unos testículos más grandes que el caballo que montaba cuando iba a hípica, cuando aún era joven y me miraban por la calle. Ahora ya, ni los paletas de la construcción me miran. Ni un puto cumplido. Aunque sean groseros, prefiero vulgaridades a indiferencia. Nunca envejezcas, mi putita pelirroja. Los huevos de mi jovenzuelo son duros como dos pelotas de tenis. Me gustaba mucho jugar al tenis. No sé si te lo dije, panocha."

Elena no tenía suficiente. Quería trasladar ese asco que sentía por su marido. Ese tedio , esa indiferencia . Mientras que el padre de su hija , sin poder respirar ,babeaba saliva con ese tronco en la boca , Elena fue a buscar una espátula de cocina.

" Le puse el culo como lava ardiendo, Mónica. No podía parar de golpear esas nalgas de mediocre"

El marido, de mi vieja y viciosa clienta, tenía el ojete virgen. Lo desató de la silla y lo ató a cuatro patas, de pies y manos ,en una colchoneta donde practicaba yoga para no ser más anciana.

El ciervo y su cornamenta pedían clemencia. Pero Elena hacía mucho que había perdido la capacidad de ser empática. No tenía vaselina , untó los dedos en su crema facial anti-edad. El fauno quería liberarse. Sus ojos , inyectados en sangre. "Eso no, Elena . Por favor . Estás loca."

Marcus , el vasallo de la vieja, esperaba órdenes.

El grito del cornudo, cuando sintió esa gran estaca , crujiendo en su delicada piel del ano,  se escuchó hasta en el planeta Marte.

Carol Bosch

Instagram: @carolborschot

Ilustración: @svrojit